
Los que conocen a mi esposo saben que él nació para ayudar a los demás. Desde que lo conozco hace 20 años, una de las cosas que más se destaca en él es esa manera de servir. Es algo particular porque siempre lo hace porque le nace. El ofrece ayuda sin que se la pidan y cuando se la piden, también.
Hubo momentos que yo hasta me molestaba “¿ay mijo vas a seguir ayudando a todo el mundo?” ¿Qué fuerte que yo pensara así, verdad? Pues con el tiempo y aprendiendo que uno de sus principales lenguajes del amor son los actos de servicio, logré comprenderlo.
En sus roles como esposo y padre de familia, no es la excepción, ese hombre es la ayuda hecha carne. Siempre tiene un corazón dispuesto a ayudar no importa cómo se sienta.
Esto me lleva a reflexionar en el momento en la creación cuando Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”
Génesis 2:18 RVR1960
Pero , ¿a qué se refería Dios cuando dijo ayuda idónea, si el hombre no estaba solo, tenía la compañía de todo el jardín y los animales?
Si nos vamos a las definiciones. La palabra ayuda se define como la acción que hace una persona de manera desinteresada para aliviar el trabajo a otra o para que logre algún fin. Por otro lado, la palabra idónea significa que reúne todas las condiciones necesarias y óptimas para una función o fin determinados.
Con esto podemos decir que la ayuda idónea es esa persona que reúne todas las cualidades para acompañarte en todas las áreas de tu vida, es la persona adecuada, la que necesitas y que de manera desinteresada te ayuda a alcanzar tus metas, tus sueños y cumplir tu propósito. Ser la ayuda idónea de tu cónyuge es complementarse. Por eso nuestras diferencias.
Ahora que tenemos claro lo que es la ayuda idónea en mi caso puedo entender que definitivamente mi esposo es ese complemento que tanto me hace falta. Ambos tenemos virtudes y debilidades y podemos elegir no hacer nada con ellas. O también podemos elegir fijarnos solo en las virtudes y quejarnos de todas las debilidades. Pero si algo he aprendido en estos casi 14 años de casada, es que eso no funciona así. De la manera que funciona es siendo el idóneo de cada uno. Es ayudarnos mutuamente. Para lo que él es bueno , quizás yo no lo sea y viceversa. Cuando estoy tumbada en el piso, él me levanta. Cuando él está desanimado, yo lo lleno de energía. Cuando nos enfocamos en el servicio en vez del egoísmo, todo marcha mejor.
Hoy te quiero invitar a ser esa ayuda idónea de tu cónyuge. No hay perfección en el matrimonio, eso ya lo tenemos claro. Sin embargo, cuántas cosas maravillosas pueden pasar cuando tienes un corazón dispuesto a que tu matrimonio esté bien.
¡Ayúdale, respáldale y no olvides tu rol en el equipo!






