
“No existe matrimonio perfecto” que mucho escuchamos esa frase. Y si, es cierta, no lo hay. Sin embargo cuando Dios está en nuestra realidad matrimonial, Él, si se lo permitimos, es quien se encarga de perfeccionar todos los días nuestras debilidades.
Durante esta pasada semana estuve hablando en mis redes sociales acerca del conflicto. El conflicto es una de las cosas que inminentemente llegará a todo matrimonio tan solo por el hecho de que somos diferentes, pensamos diferentes y reaccionamos diferentes.
Tener conflictos es sinónimo de que estamos vivos. Que somos , aunque una sola carne por habernos casado, también seres individuales.
Un conflicto no necesariamente significa que las cosas están mal y les va mal en su relación.
Pero hoy en este Blog quiero contarte mi experiencia con los conflictos. Mi esposo y yo, como te he contado antes, somos muy diferentes. A través de los largos años que llevamos juntos hemos tenido un sin número de conflictos desde por las cosas más sencillas hasta algunos un poco más complicados. Antes de Cristo en mi vida, te puedo decir que eran un caos porque especialmente yo, no los sabía manejar.
Como te dije en las publicaciones, ahí es que está la diferencia. No en no tener nunca un conflicto, sino en cómo lo manejamos. Cómo hacemos de esos conflictos nuestros aliados.
¿Aliados? Si, aliados, porqué cada situación puede tornarse para finalmente traer un bien a nuestra relación.
Y así ha pasado. La buena comunicación, la oración, dejarse llevar por Dios, pedir y recibir los frutos del Espíritu Santo; son algunas claves para que nuestros conflictos en casa no pasen a mayores. No conviertan un corazón en estado herido. Aquí ha sido con un proceso de diálogo, muchas dosis de comprensión y empatía; y por supuesto el perdón y la paciencia han jugado un papel protagónico.
Este versículo siempre me ayuda cuando soy yo la que me siento molesta y me tranco a resolver el problema: “Además, «no pequen al dejar que el enojo los controle». No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados,”
Efesios 4:26 NTV
Esa Palabra de Dios es contundente. Enojo, lo pasaremos todos, la diferencia radica en cómo se maneja. La Palabra nos exhorta a no permanecer enojados. A que ese enojo no nos controle.
Convertir los conflictos en nuestros aliados puede ser tarea difícil, pero si te lo propones y te dejas moldear por el Espíritu de Dios, puedes lograrlo.
¡Dios te bendiga!

Nota importante: este escrito es referente a conflictos cotidianos como pareja y basado en mi experiencia personal. Si estás pasando por algún conflicto en tu relación que atente contra tu salud física y/o emocional, tienes que buscar ayuda de un profesional.




