
«Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.»
S.Juan 11:25 RVR1960
Un corazón herido, quebrado y maltratado, sólo puede ser restaurado totalmente por Dios.
Antes de que mi esposo llegara a mi vida, pasé por unos procesos que quebrantaron mi corazón, me alejaron de las cosas buenas, de los propósitos que Dios quería para mi vida.
Cuando digo que mi matrimonio fue el camino a mi sanidad es porque fue el medio y el canal que el Señor utilizó para que yo comenzara a devolver mi mirada hacia Él y ese corazón roto que vagaba por las calles de la vida, resucitara.
Cuando Jesús hizo el sacrificio en la cruz por todos nosotros, en tres días resucitó. Ese hecho es el que hoy nos hace libres, por medio de Él podemos llegar al Padre, recibir sanidad y restauración. A mi me tomó años revivir mi corazón. No hubiese sido posible sin el amor de Dios y la sangre derramada por Jesús en la cruz. Dios nunca me abandonó, se encargó en cada detalle de buscarme, de hacerse siempre presente. Su amor y su misericordia siempre me alcanzaban a través de cualquier proceso que yo pasara. Lo experimentado y aprendido de Él cuando era niña, siempre me hacían tener la certeza de que era Dios quien en medio de mis oscuridades, me buscaba para ser luz y alumbrar mi camino.
¿Pero qué era lo que me faltaba para comenzar a restaurar? Creerle y fijar mi mirada nuevamente en Él. El día que eso comenzó a pasar, todo cambió. Paso a paso comenzaba la operación para resucitar mi corazón. Esto es lo mejor que puedes hacer en tu vida, sin embargo no es tarea fácil. Conllevó mucho dolor, confrontación emocional y espiritual. Tuve confusiones, fallar una y otra vez. Deseos de rendirme. Oposición del enemigo. Perdonar y liberarme del pasado, de la culpa y del temor.
Es un doloroso proceso, pero los resultados son de vida y vida en abundancia. De paz, de gozo, de amor propio y amor hacia los demás. Mi vida no sería nada sin Dios. Su cuidado y protección me alcanzaron. El pasado fue desechado, el miedo fue cambiado por esperanza, la incertidumbre fue cambiada por fé, la tristeza constante, por gozo; y nada de esto por merecerlo, si no por su gracia. Esa gracia que nos alcanza a todos.
Dios resucita corazones. Levanta caídos, restaura enfermos y liberta presos. Como lo ha hecho y continúa haciendo día a día conmigo. Lo puede hacer contigo o tu matrimonio. Sólo tienes que darte cuenta, creerle y fijar tu mirada en Él para que comience a trabajar en tu vida.
Aún hay veces en que puedo sentir querer rendirme, somos humanos imperfectos. Pero en esas veces, el Señor siempre me susurra que está conmigo, que no me rinda, que no me abandona, que pelea todos los días por mi y que juntos podemos continuar caminando bajo su amor y su propósito para mi vida.
El Señor es la resurrección y la vida; y si crees en Èl, aunque estés muerto, VIVIRÁS.
Confía…
¡Gracias por leerme!
Hasta el próximo escrito.
DLB
